"El conto es uno de los mejores recursos didácticos para los más pequeños.” ¿Verdad?
Bueno, empezando por lo que es, un conto es una narración, generalmente
curta y puede tener un carácter ficticio o real. Los contos han pasado de generación
en generación, por lo que tienen una gran tradición popular; son una forma de
trabajo muy importante en la etapa infantil, pues permiten utilizar tres
caracteres: la imaginación, el pensamiento y la lenguaje, y todavía estimula la
creatividad, por eso que es un bueno recurso, muy frecuentemente utilizados por
los educadores infantiles. A través de los contos, pueden transmitir a los
niños valores, como la solidaridad, la amistad, etc pues casi todos los contos
tienen siempre una intención moralizadora; mediante la forma lúdica y divertida
que el conto proporciona, potenciamos también para la capacidad formativa del
niño. Es también un instrumento social de comunicación con la vertiente de
divertir y entretener los niños, por lo que les gusta y aprenden de una forma lúdica.
Además, escuchar las historias es el
principio de aprender a ser un
buen lector. Las historias
hacen con que el niño deje fluir la imaginación, despertar la curiosidad,
además de permitir la experiencia y descubrir
el mundo de conflictos, dilemas y
soluciones que cada personaje se
enfrenta. Los cuentos tienen una
gran fascinación en los niños, por lo que en esta etapa de la infancia, escuchar las historias se convierte en una forma indispensable al
desarrollo y el aprendizaje del niño.
El conto es por todo eso, una fuerte y potente forma de aprendizaje.
Pero, para utilizar este recurso
lingüístico de forma adecuada, es necesario saber ¡cómo utilizar de forma adecuada! Antes de la narración hay que ver
el tipo de público (en nuestro caso que tipo de niños) a que se destina, y lo
preparar en función de eso con un vocabulario adecuado; hay que tener una
vocalización clara; expresividad gestual; mantener un clima de suspense y clímax
en la historia; incorporar nuevas palabras y conceptos; entonación y ritmo
adecuados; saber adentrarse en la historia; promover la curiosidad por ella,
solo así es posible captar las pequeñitas atenciones que tanto se distraen y estimular al niño a escuchar lo que es muy importante para la formación de un
gusto por la lectura.
¡Si el narrador sabe utilizar estas competencias lingüísticas adecuadas,
solo se puede estar delante de un senario de aprendizaje con placer!

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